Mediocridad

La Mediocridad cuesta mucho menos tiempo y la gran mayoría de la gente no percibirá la diferencia contra la excelencia sino hasta que ya sea demasiado tarde.

Una respuesta

  1. El estúpido suele presumir de que conoce a personajes de mucho valor y muy ricos, para hacerse el superior, a las personalidades más influyentes de la sociedad. Para huir de su vulgaridad irremediable, y darse más categoría de la que tiene por relacionarse con los poderosos, a los que aparenta que puede recurrir si le hiciese falta. Pero cuando alguien a partir de su enorme talento, de sus capacidades innatas, de sus inteligencias variadas para diferentes cosas, se destaca sobre los demás en la vida social, en su profesión, en los negocios, puede tener un perfil bajo o alto de autoestima y valoración ajena, según su personalidad y dependiendo de las circunstancias. Lo que sí percibo, es que hay una escala de comportamientos diferentes en la percepción que tiene el otro de la persona talentosa, que suele ser variable también en función de su propio estado de ánimo. Lo que piensan otros de nosotros no es siempre lo mismo, a no ser que no hagamos nada para evitarlo. Lo que ocurre es que la mediocridad y vulgaridad de los estúpidos que es generalizada, sólo valora el tener y el hacer, y cuando alguien es sólo Ser, de poco le sirve para llegar a ser feliz plenamente porque con ello nada más, no puede atraer a alguien que le dé compañía y afectividad, ya que la felicidad no se completa con uno mismo solamente, siempre necesita de otra persona para ser total.

    La mediocridad es generalizada, la gente se dedica a hacer trabajos y actividades rutinarias que aprenden en pocos meses o semanas, y se pasan toda la vida repitiendo lo mismo sin aportar nada nuevo. Se han enganchado a la teta por sus relaciones y contactos, en cualquier lugar, en la administración, en empresas privadas, en un canal de televisión, donde sea les sirve. Se creen muy buenos y grandes profesionales, y se idolatran a sí mismos, pensando que son importantes, revueltos continuamente en su mezquindad y adocenamiento.

    El mediocre está atocinado, se plantea propósitos de mejorar su vida, pero no lo cumple, se queda en el deseo; sin ganas, no hace nada más que hablar de lo que no sabe. Este sistema está lleno de mediocres, millones de ellos ocupando puesto importantes, cargos con grandes emolumentos, fundamentalmente por su estupidez de sus contactos. No hacen nada y se ponen como fieras para destrozar el que hace algo novedoso y creativo, están por sus amiguetes, familiares y conocidos, y cuando ven a alguien que es bueno de verdad, se unen todos y confabulan para derribarle y hundirle.

    Lo importante para mí es la exaltación de la igualdad entre personas y en especial entre hombres y mujeres y la lucha contra la mediocridad que lo relativiza todo. La vanidad, algo muy habitual, es el camino directo hacia la mediocridad y del desastre. La estupidez de los mediocres que no aportan nada, y no saben de nada aunque aparenten gran cultura y formación, se dedican a desprestigiar y echar por tierra a todos aquellos que proponen cambios y mejoras a la sociedad para hacerla más justa. Es que este sistema tal y como está, es una inmensa merienda de negros. El que no conoce a nadie no se lleva nada, para las pijadillas que hacen en sus trabajos, y la importancia que se dan, porque se han hecho con una cantidad que les permite llevar un alto nivel de vida consumiendo sin necesidad…

    Basta observar la gente, mirar sus caras y sus andares, someter a escrutinio sus actitudes, el resultado de sus trabajos es superficial, y ahí está en sus rincones, como un gatos adormilados en pura mediocridad. Indisciplina personal y social total. Atonía vital. Indefinición, ambigüedad permanente, desgana, falta de vigor. Desinterés por hacer sus actividades bien, les da igual. Sólo se molestan por hacer las cosas a medias, gastan más energías en ello. O dejan las cosas a medio hacer, que no es lo mismo, no por nada particular, por su estupidez. Con atávica resignación viven. No se exigen, les da igual. Cumplir por cumplir es lo que hacen con el menor desgaste. La perfección es un embeleco. Entusiasmos fáciles y extemporáneos sin ir a ningún sitio, de un día a otro nada, todo sigue igual. Mejor no menearlo, no vaya a ser que se ponga peor. Miedo a hacer algo nuevo les envuelve. Y siempre se preguntan, ¿adónde va Vicente? Adonde va la gente, allí van ellos los mediocres. Con pocas excepciones que confirman la regla generalizada, una fulgurante vulgaridad y una aterradora mediocridad circundante nos aplasta por todos los sitios.

    Un mediocre te rebate, te contradice, te expone que tus teorías e ideas no son buenas porque no puedes demostralas, te aduce que son meras opiniones tuyas pero sin poder justificar lo que estás diciendo. Te vende inseguridad en todo. No sabe lo que dice, se enrolla y sale por las ramas, y habla como si fuera la verdad absoluta o la palabra de su dios, te sale con otras cosas diferentes para liarte, a las que estás diciendo para quedar por encima. No sabe más que negar sin fundamento, no aporta nada más que negatividad.

    Un mediocre no hace más que mentir y manipular para desprestigiar, está pendiente que el que vale cometa un error y echarsele encima, para convertirle al que es genial en igual mediocre que él. Se fija en tonterías, en si no has puesto un acento o has puesto una palabra mal, o te falta alguna como, o por las prisas has cometido una falta ortográfica. Sutilmente manipula con intereses obscuros y generalmente ilícitos, dado que fundamentalmente no respeta al prójimo ni a los valores de los demás, es absurdo su comportamiento estúpido, se enquista en trivialidades, y jamás se molesta en comprobar si lo que refuta a los demás es cierto por su gran pereza.

    La Mediocridad cuesta mucho menos tiempo en percibirse, y la gran mayoría de la gente mediocre no percibirá jamás la diferencia con la genialidad, hasta que ya sea demasiado tarde. No se enteran, no tienen capacidad para verla. El mediocre no es capaz de aportar nada nuevo, no propone porque carece de capacidad intelectual para ello, no hace más que ensuciar y echar por tierra todo lo que comprueben que se sale de la norma que ellos machaconamente repiten sin saber por qué lo hacen.

    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA

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